Política identitaria en Chile

Hacía mucho que no publicaba algo. A este artículo lo venía pensando de hacía tiempo y no me decidía solo por un motivo: corrección política.

Entonces me acordé de mis épocas donde escribía, me puteaban y todo me chupaba un huevo. Sin embargo estos últimos años, ha habido un incremento generalizado de autocensura ya sea porque uno opina diferente del mainstream o porque te cae una horda de trolls a putearte.

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Pan esponjoso

Cae una lluvia copiosa el fin de semana en Santiago. La novedad es que es pleno verano. ¿Quién lo hubiese imaginado? En mis casi 8 años viviendo en la ciudad trasandina jamas vi llover así.

Teniendo las libertades parcialmente coartadas, las opciones son: rogar que no se corte la luz para poder ver nuestra serie favorita, hacer cucharita o tratar de saciar el hambre.

Si con lo único que se puede cucharear es con la almohada, o como en mi caso que estaba hambreado, la opción es hacer pan. Qué alimento más noble y peligroso.

La siguiente es una receta que ví en Facebook (yo no inventé nada) y me gustó porque el pan queda esponjoso, con un sabor parecido a un scone.

Ingredientes (para dos moldes):

  • Levadura seca: 10 gramos
  • Azúcar: 3 cucharadas
  • Huevo: 1
  • Mantequilla derretida: 3 cucharadas
  • Leche: 500 cc
  • Harina: 700 gramos
  • Sal: 1 cucharadita

Pasos:

  • En un bowl mezclar levadura, azúcar, mantequilla y el huevo.
  • Echar la leche.
  • Ir uniendo la harina progresivamente para no formar grumos.
  • Dejar reposar al menos una hora (debe haber una temperatura ambiente cálida para que levar).
  • Engrasar los moldes con mantequilla
  • Transferir la masa a los moldes y no debe sobrepasar la mitad de la capacidad del molde ya que ésta se levantará en el horno.
  • Pintar con huevo.
  • En un horno precalentado a 180°C, hornear por 30 minutos.
  • Una vez retirados los panes del horno, pasar mantequilla derretida (si uno quiere agregar mas colesterol a las arterias).
La prueba de la esponjosidad

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El rompecabezas de Ishiguro: Pálida luz en las colinas

Un suicidio; recuerdos de la reconstrucción de una Nagasaki post bomba atómica y el cambio de paradigma dentro de la sociedad japonesa. Etsuko revive momentos de su pasado y la relación con su vecina Sachiko.

El párrafo anterior sería un argumento básico que pudieran encontrar en la contratapa de este libro. Sin embargo, al terminar de leer “Pálida luz en las colinas / Pale view of hills” de Kazuo Ishiguro, me quedé con la sensación que estaba ante un rompecabezas con muchas piezas faltantes.

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Fosforitos caseros

¿Qué argentino viviendo en el exterior no sintió alguna vez nostalgia de los sabores e hizo empanadas o alguna tarta de jamón y queso?

Por suerte en Chile, Wal-Mart/Líder vende discos de tarta y empanadas de origen argentino, uruguayo y chileno. Por calidad de la masa, y por gusto prefiero la uruguaya (Avanti) o la argentina (marca Líder).

Lo curioso es que conocidos locales, teniéndolos a mano ninguno ha preparado o tartas (conocidos aquí como quiches) o empanadas (ni siquiera una empanada de pino).

Acá… por meter al horno una tarta de pollo y choclo y las sobras que encontramos en la heladera.

Pero el motivo del post era sobre los fosforitos.

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Volviendo a salir (a comer) en fase 2

Pensaba escribir antes hace tiempo pero lo fui posponiendo pensando que íbamos a progresar con las fases pero resulta que hemos retrocedido a fase 2 de manera transitoria y para que este post no siga envejeciendo mal, decidí no perder mas el tiempo y publicar algunos lugares de Barrio Italia que tienen las puertas abiertas a pesar de haber sido un año muy duro.

Durante la cuarentena tuve tiempo intentar hacer un timelapse.
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Hanshichi, el detective japonés

Este post es sobre un libro pero al final viene una yapa.

No me considero un gran conocedor de la literatura japonesa pero me parece un hallazgo -al menos para mí-, este libro policial japonés titulado “Hanshichi, un detective en la época de los samurai”, ed. Quaterni (España). Por lo que tengo entendido es una selección de cuentos de la obra 「半七捕物帳」que se pronunciaría “Hanshichi torimonochō” y se traduciría como “Los expedientes de Hanshichi”.

Me refiero al mismo como un hallazgo porque, al menos mis amigos japoneses no lo tenían en el radar y además esta edición parece ser la primera traducción de esta obra directo al español, sin pasar por inglés como idioma intermedio.

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Hojas de palabras

narukami no sukoshi toyomite (un débil trueno)
sashi kumori (cielos nublados)
ame mo furanu ka (lloverá?)
kimi wo todomemu (si es así, ¿te quedarás conmigo?)

El título de la película “Koto no ha no niwa” (言の葉の庭) que literalmente significa “el jardín de hoja(s) de palabra(s)” no es al azar. El tanka citado en esta película es del libro Man’yōshū, la compilación de poesía japonesa más antigua y el nombre del mismo significa “Colección de la miríada de hojas” .

Con esta introducción nos adentramos a esta película que gira en torno al encuentro de dos personas en un rincón del Jardín Nacional de Shijunku Gyoen durante la época de lluvias.

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Permanent record: todos estamos siendo observados

Otro libro recomendado para la cuarentena: Vigilancia permanente de Snowden. Aunque el título original “permanent record” (registro permanente) es muchísimo más acertado.

Este libro es la autobiografía de Snowden en la que cuenta cómo fue partícipe del mayor acto de vulneración del derecho a la privacidad no sólo de los norteamericanos sino del mundo entero.

En su derrotero hasta convertirse en Citizen Four, fue testigo de cómo la NSA fue torciéndole la muñeca no solo a la constitución de su país sino a la de todos la países liberales las cuales teóricamente protegen los derechos individuales de sus ciudadanos.

“Registro permanente” es básicamente lo que ha hecho la NSA alentada después del infame 9-11.
Todo lo que hacemos, hicimos y haremos queda registrado. Es casi imposible el anonimato en Internet y los que conocimos esa red anárquica y anónima en los ’90 desapareció en la década siguiente de manos de las corporaciones cuyos servicios usamos todos los días: Google, Microsoft, Facebook, Apple, Amazon, etc.

La falsa concepción de que algo es gratis porque no se paga se cae al momento de ceder todo lo que uno publica (foto, video, etc), escribe por correo y habla (Skype, WhatsApp, zoom, etc).

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Se perdió el derecho al olvido y a no ser observado. Estamos constantemente con el teléfono pinchado.
Las generaciones como la centennial no conocen lo que fue eso porque ya nacieron observadas. Incluso la ecografía de los no natos está en las redes.

Estamos en el sueño húmedo de los totalitarios: un 1984 tardío (menos grotesco pero no menos eficiente) y en un Multivac menos controlador que el de Asimov porque la IA todavía no ha avanzado tanto.
La realidad supera a la ciencia ficción una vez más.

Las regulaciones van más lento que la tecnología, por lo tanto seamos más conscientes de los servicios que usamos, compartimos y que los servicios que dicen ser gratuitos, no lo son. Incluso pagando no nos salvamos.

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Mi incursión al pan de masa madre

Tantos días de encierro (y auto encierro) por la pandemia del coronavirus no me dejaría exento de hacer alguna actividad alternativa.

Ya venía haciendo ramen casero pero dejé de hacerlo para comprarle a Wadaya, una tienda local especializada en ramen y sake.

Me terminé sumando a la movida de los que hacen pan de masa madre. Más de 4 meses de encierro y teniendo en cuenta que la panadería a la que le compraba pan de masa madre no trabajaba con ningún sistema de delivery, me puse a hacer pan.

Comencé viendo videos y blogs de diferentes fuentes: españoles y argentinos.

Primer intento de pan: el pan quedó tan duro que podía martillar clavos con él.
Segundo intento de pan: no llegó a pan, quedó una masa madre gigante.
Tercer intento: habiendo aprendido de los intentos anteriores y después 14 horas de fermentación en frío, empezó a salir un pan decente.

Tras haber gastado casi 10 kilos de harina y varios panes en estos meses, fui comprendiendo que las materias primas son muy diferentes entre un país y otro. La harina en Chile, incluso la harina de fuerza, absorbe menos agua que las harinas que usan en Argentina. También supongo que influye el tipo de agua.

Por eso tomé en cuenta recomendaciones de panaderos locales como Hacedor de Pan.

Del 80% de agua que usa Gluten Morgen, y el 70% de el Hacedor de Pan, bajé incluso más la proporción de agua: a 60-65% para no tener una pan demasiado líquido y que pierda tensión cuando hacía la bola de pan. Al menos este ha sido mi caso.

Creo que hacer panes con masa madre es una experiencia única.  Cada persona que hace panes, tiene -y ha encontrado- su técnica y uno debe encontrar la suya: observar el crecimiento de la masa madre, sentir la textura de la harina cuando se mezcla, ver cuan flexible es al amasarla, ver cómo va fermentando y -no menos importante- conocer el horno que uno usa.

Si bien ya estamos en etapa de desconfinamiento, no pienso dejar de hacer pan ya que he logrado alcanzar el autoabastecimiento: no dependo de la panadería y/o supermercado, al menos el pan de consumo cotidiano.

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Shōtengai, las calles techadas japonesas

Japón ha adoptado muchas costumbres occidentales y se ha modernizado muchísimo, sin embargo una costumbre que está muy arraigada a su cultura es la del shōtengai o calles comerciales techadas.

Si bien existen grandes centros comerciales, éstos en su mayoría son de ropa, diseño y grandes marcas. Dista mucho del concepto que hay en Chile donde un mall concentra desde supermercado hasta un consultorio clínico.

Los shōtengai pueden ser una o varias calles que se entrecruzan para formar un núcleo o zona comercial. A pesar que hay menos que en el pasado, todavía siguen siendo comunes en algunos barrios y no es necesario recorrer grandes distancias para hacer las compras. Aquí podremos encontrar todo lo necesario para resolver nuestra vida cotidiana: farmacias, carnicerías, sastrerías, electrónica, orfebres, bares e incluso hasta algún club nocturno.

Los japoneses tienen la costumbre de la proximidad cuando comercian. Los locales generalmente están atendidos por sus dueños y los mismos llevan décadas haciendo lo mismo. Esto asegura un trato excelente y fidelidad por parte de los clientes.

En lo personal me gustaría que hubiera zonas comerciales así por estas latitudes. Dejar de lado las grandes cadenas y que el comercio vuelva al barrio, atendido por la gente del barrio.

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