Cuentos

Mi libro en Gumroad

Ya pasaron muchos años y mucha agua bajo el puente desde que anuncié que había hecho un libro con mis cuentos compilados pero nunca lo había materializado en algo comercial o impreso.

Dí vueltas con el programa KDP (Kindle Direct Publishing) y me pareció demasiado complicado, con muchos legales. En cambio en Gumroad encontré un sitio sencillo para comercializar lo que había creado.

El enlace al libro es: https://gum.co/GUjDU

Pueden comprar la obra por Paypal o tarjeta de crédito. En lo personal creo que Paypal es lo más seguro, cuestión de gustos.

El valor de la misma es a partir de los 10 USD.

tapa

He puesto a disposición 3 versiones: el libro original en formato PDF, epub (libro electrónico), mobi (para Kindle).
Los archivos en formato epub y mobi están generados a partir del PDF, por lo tanto puede haber alguna diferencia. Si encuentran algún problema (algún caracter ilegible, alguna diferencia entre el PDF y los otros formatos), por favor comuníquense conmigo.

Advertencia sobre lectura: el archivo epub no se puede leer con Google Play Book a través de la carga vía web por una cuestión que desconozco. Lo mismo ocurre si se quiere subir el epub a Kindle a través del mail @kindle.com. No he tenido problema subiendo un archivo mobi a Kindle. Sin embargo el mismo se puede leer con varios lectores de libros electrónicos como FbReader que está disponible para varias plataformas.
También pueden consumir el contenido con la aplicación de Gumroad.

Fin de semana en familia

Fui al mall a hacer las compras navideñas que siempre dejaba para lo último. Poco tiempo me quedaba para comer y yo con mi bandeja recorría el patio de comidas.
Pasé por al lado de una mesa donde había una familia, los cuatro cabizbajos. No sabía bien lo que estaban haciendo pero el hombre me parecía conocido. Era Jorge Salinas.
– ¡Jorge! ¿Cómo estás?
Jorge salió de su trance, levantó la vista del celular, así como su esposa y sus dos hijos.
– ¡Bien! ¿y tú? Aquí estamos, ¡fin de semana en familia!

Santiago Centro

Ella no lo estaba esperando pero él llegó de todas formas, se sentó y pidió un cortado.

Estaba tan contento que le mostró las fotos de sus vacaciones familiares en Nueva York. Mientras -desde el otro lado de la barra- ella hojeaba el álbum, él sacó de su bolsillo una cajita que decía Tiffany y se la entregó.

Después de un rato, él se fue y ella siguió con su rutina de servir café y un anillo nuevo.

Liliana es colombiana y sirve café. De vez en cuando recibe regalos y mientras sonríe escucha historias que no le interesan de familias que no son la suya.

El ídolo

El sábado tuve que ir a trabajar. No me correspondía, pero recibí la llamada de un colega de trabajo diciendo “che Ramiro, necesito que me cubras”.

Así que me ví corriendo a las tres de la tarde para tomar el colectivo que estaba ya parado en la esquina, esperando a que el semáforo se pusiera en verde para echar a correr.

El chofer del colectivo no estaba muy interesado en abrir la puerta porque la parada estaba 10 metros más atrás y en teoría no era obligación atender a mi demanda de subir. Insistí un par de veces tocándole la puerta y me dejo entrar.
– Gracias, disculpe, hasta Independencia.
Sin mirarme marcó el importe y me fui a la mitad del colectivo mientras se escuchaba de fondo el clásico River-Boca que había sintonizado el chofer.

Había un niño sentado en el escalón del pasillo del colectivo, entorpeciendo el paso de la gente que quería pasar al fondo o bajar por la puerta del medio.
Sostenía un gran balde de pochoclos que tenía el motivo de alguna película del momento. Miraba y hablaba a su ‘padre de fin de semana” que estaba al lado mío, al lado de la ventana mirando hacia la puerta el medio.

El padre que estaba absorto viendo mensajes en su celular, le decía al niño que no hable de la película porque podía haber gente que no la hubiera visto.
El niño obediente se quedaba callado y volvía a meter la mano en el balde de pochoclo.

Desde el fondo se escuchó un “¡la puta que lo parió!” de una mina con corte rollinga que tenía puesta la camiseta de Independiente.

Y el niño volvió a sacar tema de conversación.
– ¿Quién esta jugando?
– No sé, Boca creo.

De haber levantado la mirada se hubiera dado cuenta que un mosquito estaba chupando la sangre de la frente de su hijo. Se hizo evidente cuando afloró una roncha.

Me puse a leer un libro de bolsillo que tenía en la campera y al igual que cada persona en el colectivo, siguió en su mundo, cabizbajos o mirando hacia la calle.
Y así como todos, el padre también siguió ensimismado en su mundo comprimido en un celular.

El niño también, era el único con una sonrisa mirando a su ídolo.

6 de mayo de 2013

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San Valentín

Gracias Tom Waits

Eran las 6 de la mañana del viernes. Estaba tomando un café con Leticia en un bar de una estación de servicio. Se asomaban los rayos del sol que pasaban por el vidrio y el calor se sentía en mi frente.
– Me tengo que ir – dejándola detrás mío.
– ¿Me mandás mensajito después, Ramiro?

Me fui a tomar el tren. Era la segunda vez en la semana que trasnochaba y las 10 horas laborales que venían después, sumándole las 2 horas de viaje diario me dejaba en paupérrimas condiciones.

Hice combinación tren-subte.
Una vez que salí del mundo subterráneo, me dirigí a la farmacia que estaba en la esquina a comprarme un analgésico. Ya se me estaba haciendo costumbre tomar uno cada mañana.

El loco de la esquina se encuentra en la puerta de la farmacia mirándome salir.
Siempre está allí mirando con atención la gente que entra y sale.
Hace un baile con muy poca gracia y espera recibir unas monedas a cambio.
Agradece con una reverencia y sigue haciendo su rutina de baile soso durante todo el día.

Llegué a las 8.30 para levantar la persiana de la librería en plena Avenida Corrientes.

A media mañana, un niño de no más de 10 años se asomó por el mostrador sin que me diera cuenta y me gritó:
– Dame algo – elevando una ceja
– Tomá – y le dí una revista vieja de Sudoku
– ¡No gato, dame guita!
– Pendejo, rajá que te cago a patadas.
– ¡La puta que te parió, gato! – me gritó mientras se iba alejando.

Promediaban las seis de la tarde. Una joven adolescente había salido de un colegio privado y por cada paso que hacía iba desaliñándose, como queriendo deshacerse de su prolijo aspecto. Guardó sus anteojos en el bolso y se puso unos color negro. Se soltó el cabello recogido y entró a la librería.
Se puso a hojear unos libros en promoción 2x$30, tenía en la mano uno de Ayn Rand.
Levantó su mirada levemente y se dió cuenta que le estaba observando.
Se acercó al mostrador y me dijo:
– ¿no te copás con algo británico?
Entré a Youtube y puse London Calling.
– No, ¡pero ponete otra cosa!
– Vos pediste británico – y puse Sunday Morning Call.
Inmediatamente comenzó a menearse frente a mí, esforzándose por parecer sexy.
– ¿Te vas a llevar ese libro de filosofía que estabas hojeando? No tenés pinta de gato.
– ¡Andá a cagar, pelotudo! – dió media vuelta y se fue revoleando el libro en la pila que había sobre la mesa.

Seis de la tarde.
Era tiempo de estirar las piernas y quedarme un rato en la entrada de la librería observando el trajín de la hora pico.
A mi costado, todavía quedaban tarjetas del San Valentín en una estantería.
Esas putas tarjetas del Día de los Enamorados que no hacen más que recordarme la cagada que me había mandado.
No voy a poder quitarme de la cara ni de las manos las manchas de sangre, ni olvidar aquel golpe, ni la rosa que tenías en la mano.
Todas las noches me doy con vodka para no tener estas pesadillas y tomo analgésicos por la resaca.
Voy a muriendo con vos un poco más en cada San Valentín.

¿No te acordás que prometí escribirte una tarjeta para el Día de San Valentín?

25 de octubre de 2012

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El linyera

Tenía un par de cuentos guardados por ahí, medios olvidados y llenos de polvo.
Son apenas un puñado de cuentos, no he estado muy inspirado estos últimos años.
Creo que hoy es momento de estrenarlos en el blog, sino pasará otro año sin compartirlos.
(más…)

He aquí

DekitaDespués de varios meses, varias correcciones, críticas constructivas recibidas y algunos trámites legales previos, decidí hacer un compilado de mis cuentos y aquí lo dejo a vuestra disposición de manera electrónica bajo licencia CC no comercial/sin derivados para que lo puedan leer (ya sea por lector de pdf, ereader, etc), imprimir y/o compartir.

Al mismo lo he titulado “dekita (出来た)” como uno de los cuentos que contiene. Como yapa, el último cuento es uno que no había publicado antes.
El libro fue escrito con Openoffice, las imágenes editadas con Gimp y “empalmado” con PDF Chain. Todo software libre. 😉
Le he dado una revisada rápida y parece que quedó bien pero si hubo algún error, háganmelo saber.

No, no existe una versión impresa por el momento. En algún momento buscaré alguna imprenta económica (y algún editor). 🙂
Para bajar, hacer clic aquí

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Dimensiones

Después de mucho tiempo volvió un cuento ni tan corto ni tan largo. Escrito en buena parte en esos horarios laborales donde después de revisar 4 o 5 megas de debug, empiezo a ver esa maraña de caracteres como La Matrix y en lugar de ver un cúmulo de letras, veo una croqueta, un sandwich de milanesa y por ahí alguna mina en bolas…
Cuando noto que la “@” me parece muy sugestiva hago un parate y decido hacer otra cosa; lo que en mi empresa se denomina: boludear. Yo no boludeo con Facebook ni Youtube, sino con los blogs.

Volviendo al tema, el cuento se iba a llamar “Quinta dimensión”, un título muy trillado, muy de ciencia ficción trillada, así que quedó como “Dimensiones”.

Terminando con esta (tal vez) innecesaria introducción: el cuento… ¡chan chan!

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