Cosas que me sorprenden de Chile parte 2

Hacía un tiempo que venía pensando en escribir esta segunda tanda de artículos sobre “Cosas que me sorprenden de Chile”.

Estoy pensando que tal vez debería haberlo intitulado “Cosas que meno sorpenden de Santiago” para ser realmente justo porque no he recorrido mucho el país.

Por reclamo de @matiasdr, va mi segunda.

“Cosas que me sorprenden o llaman la atención” (y ya no tanto):

  • En algunos supermercados/minimercados, el fiambre se corta por láminas (fetas muy gruesas). No se acostumbra tanto a comprar por gramos, sino por fetas. Y el problema es que con muy pocas fetas uno llega fácilmente a los 150 o 200 gramos.
  • Los quesos nacionales que encuentro en el supermercado no me gustan. Chanco, ranco, gauda, mantecoso, todos me saben igual independientemente de la marca. El único queso que probé bien sabroso, es el queso de cabra. Debería ir a El Mundo del Queso o ver qué ofrece La Vega para ver qué onda.
  • Las gaseosas, jugos y aguas saborizadas son muy dulces, por demás.
  • Si bien hay un gran problema de sobrepeso, todavía no han aparecido con fuerza las aguas saborizadas (sin azúcar), productos menos nocivos o con menor tenor graso y muchos productos todavía vienen con grasas trans. Ni siquiera encuentro dietéticas donde vendan dulces hechos con algarroba, por dar un ejemplo. La única dietética que he ido y que vendía cosas fuera de lo convencional (almendras, nueces y maní) tenía productos realmente caros. Celebro que ya hayan más alimentos para celíacos (aunque insuficientes).
  • La variedad de mantequillas )manteca) y margarinas es impresionante. Siempre me llevo una diferente.
  • Según Zomato, el 48% de los locales de comida en Santiago son sandwicherías y comida rápida, a diferencia de lo que pasaría en Buenos Aires donde las pizzerías son las dominantes. Nota en El Mercurio.
  • El transporte público (Transantiago) adolece de mantenimiento. Las micros (lo que nosotros llamamos colectivos) están en estado deplorable por no decir destruidas. Suspensiones rotas, cables colgados, puertas que no cierran y la mugre que tienen dentro dan cuenta de un Ministerio de Transporte -si existe- que no regula ni controla la actividad de los privados. Muy a mi pesar debo decir que el 36 que va a Villa Celina parece un bus de primera clase.
  • Siguiendo con el Transantiago, el mismo en los papeles parecía que funcionaba pero en la práctica terminó siendo totalmente incómodo al punto de tener que tomarme tres micros para llegar a un lugar (y después caminar). O en algunos casos combinar con metro. El sistema de transporte por superficie depende casi totalmente del subterráneo, por lo tanto si el subterráneo falla, la superficie colapsa.
  • Es lógico pero sorprende el aumento de las bicicletas andando por la calle (y la vereda). En algunas ciclovías puede llegar a haber hasta embotellamiento. Si bien es cierto que algunas ciclovías son una porquería, no están interconectadas y no llevan a ningún lugar, no puedo entender por qué los ciclistas andan por la vereda como si fuera una avenida. Al menos deberían aminorar la velocidad.
  • Veo que todavía hay respeto (aunque en baja) hacia instituciones como Carabineros. En Argentina uno le huye a los policías pero aquí tienen fama de -al menos- incorruptibles. No corre la coima.
  • Cada vez se construyen más malls (shoppings) o galerías comerciales. Creo que en proporción, hay más malls que teatros, centros culturales o museos. Mal futuro para la cultura.
  • Aquí en Chile aprendí lo que es la palabra “colusión”. Hablando en argentino, chanchullos entre empresas para fijar precios u oligopolio. Algo común en Argentina también pero aquí en Chile llega a todos los ámbitos, desde el pollo, pasando por papel higiénico y hasta el cemento. El mercado está hiper-concentrado en pocas empresas que se reparten todo y el Estado de vez en cuando se acuerda del libre mercado.
  • Los libros son caros, es por eso que hay un importante mercado del usado y librerías como Qué Leo tienen mucho éxito ya que ésta ofrece buenos descuentos de vez en cuando.
  • Los edificios nuevos son todos iguales (con algunas variantes), incluso los departamentos por dentro parecieran que fueron hechos con el mismo plano. Supongo que los harán todos iguales de cuadrados porque son resistentes a sismos. Me llama la atención lo flexibles que pueden ser.
  • Los baños en los departamentos no tienen rejilla de desagüe. ¿Será por una cuestión de los sismos?
  • Las casas de cambio te cambian la moneda que sea sin pedirte ningún documento.
  • Los bancos y otras instituciones financieras ofrecen créditos de consumo como si nada. Con un crédito de 6 millones de pesos, uno puede comprarse un auto pequeño. No es raro que los chilenos vivan endeudados. Artículo de Adimark. Otra nota.
  • He depositado plata en el banco y no me han pedido siquiera la cédula
  • Acá no existen los secadores de piso de piso. No es broma, ya busqué por todas partes. En cambio usan algo llamado mopa (que sólo lo había visto en películas yankis) junto con un balde que “exprime” la tela que se usa para limpiar.

Al igual que en mi post anterior, están invitados a agregar más cosas que les sorprenden de Chile.

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3 comments

  1. Soy chileno, digamos que estoy curado de espanto. Mi país es un mar de contradicciones. ¿Sabías que la ley que prohíbe comprar/vender/sembrar marihuana, no prohíbe consumirla? Es decir, es legal consumir marihuana pero, es legalmente imposible de conseguir.

Antes de darle al botón "Publicar" y mandar todo al carajo, te recomiendo que respires hondo y leas las FUQ que te iluminarán el camino :)

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