Viaje a Maitencillo

Al igual que sucede en muchas partes, si uno quiere ir a un lugar turístico fuera de la temporada alta, está en problemas.

Odio viajar en temporada alta a lugares que van a estar con precios inflados, que sé que voy a estar apretado, que voy a tener que hacer cola para cualquier cosa y esperar a que me atiendan como debe ser.

Al no tener auto, no me queda otra cosa que tomarme un bus para ir a algún lugar o avión en el caso de que ese lugar esté muy lejos. Estando fuera de temporada alta, no encontré buses directos de Santiago a Maitencillo así que tuve revolver la red buscando respuestas. Ví que se podía ir primero a Valparaíso o Viña del Mar y de allí tomar un bus a Maitencillo.

Esos buses no pasan por la terminal, sino que parecen micros urbanos en los que uno va realmente apretado a los pueblos de la costa. Como un tren lechero van parando por diferentes punto de la ruta.

Al desconocer hacia dónde íbamos, tampoco sabíamos que para llegar al hospedaje teníamos que subir un cerro, más exactamente el Cerro Tacna, un lugar donde la gente va a hacer parapentismo.
Sí, el lugar es genial, alejado del bullicio de los pubs, paraderos y la joda que hay en la Avenida del Mar, pero que para llegar allí es mejor hacerlo con auto y GPS.

El Hostal Maitencillo está justo en (tal vez) la parte más alta del cerro con una envidiable vista al mar. Es un hospedaje atendido por sus propios dueños que te cocinan a pedido (un menú acotado) pero todo es fresco. La wifi y el desayuno dejan un poco que desear pero uno se olvida de todo cuando uno se sienta a contemplar el atardecer o al bajar a la playa. A esa altura la playa no tiene absolutamente nada, ninguna comodidad, ningún negocio, ninguna calle. Las gaviotas son las que tienen copado el lugar.

Llegamos un jueves, caminamos un kilómetro y medio por la playa y no había nadie. Era ideal, salvo la basura que habían dejado los turistas que ya se habían vuelto a Santiago. Después uno se pregunta cómo puede ser que existan “continente de plástico” en los océanos. Estoy casi resignado a encontrarme con una playa completamente virgen, al menos por estos lados.

No encontramos abierto siquiera el único minimercado que vimos en la Avenida del Mar como para poder comprar un agua mineral. La situación cambiaría el fin de semana después del mediodía cuando la playa se poblara de gente y abrieran algunos locales.

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