Camino a Cuzco

Apenas volvimos del aeródromo de Nazca dimos un par de vueltas por el pueblo y nos preparamos para ir a Cuzco. Un viaje de locos, una carrera contra el tiempo. La verdad nos hubiese gustado quedarnos un día más porque parecía ser que había otros lugares arqueológicos de interés por la zona, pero el tiempo era cruel. Más en un país donde las distancias son extensas, la geografía complicada y donde el transporte no es bueno. ¿Argentina? No, Perú.

El próximo colectivo a Cuzco era a las 8 de la noche y venía desde Lima, así que era casi seguro que vendría con retraso. Y así fue, el colectivo llegó una hora y media después.
Así que nos quedamos haciendo tiempo en la pequeña terminal de la empresa Cruz del Sur. Como había mencionado antes, a diferencia de lo que ocurre en Argentina, en Perú cada empresa tiene su terminal. O por lo menos a los lugares que hemos ido, cada empresa tiene su propia terminal.

Ya a esa hora teníamos hambre y un alemán que estaba en el hostel con nosotros y que también iba a Cuzco compró en la calle una bandeja gigante (en la foto no lo parece) de papa fritas por apenas 6 soles (seguro podría haber regateado más) con varias bolsitas que tenían diferentes mejunjes: mayonesa, mostaza, ketchup, salsa tártara, algo parecido al guacamole (tal vez era guacamole).


Papas fritas peruanas ¡excelentes!


La papa peruana es muy rica y la variedad de especies de papas en Perú es amplia. Perú es el país de la papa.
No hay vuelta, la comida más rica es la comida comprada en un puesto callejero, bien sucio y grasoso. Cuanto más grasosita es la comida, más rica es.

A esa altura del periplo, venía con cagadera desde casi el principio del viaje (desde Lima). Iba al baño de tres a cuatro veces por día y me parece que la culpa era del agua (ya me lo habían advertido), no de la comida. A pesar de comprar agua mineral, si iba a un bar y pedía un café o una bebida con hielo, indefectiblemente iban a usar agua de la canilla e indefectiblemente iba al baño.

Como consejo a cualquier turista que vaya a Perú: llevar pastillas de carbón y crema de bismuto. 😀
El viaje era de unas supuestas 18-20 horas y terminaron siendo de 26.

A la madrugada me desperté por el frío (quién sabe a qué altura estábamos) y sentía que la cabeza se me partía. Seguro era por el mal de altura y a pesar de haber tomado Gravimed, el mismo no me había hecho efecto.

Es que toda mi vida viví en llanura; mejor dicho, en un pozo (Santa Fe) y pasé a vivir a algo casi llano como Buenos Aires. Así que pasar de 0 a 4000 metros en poco tiempo me hizo bastante mal.

camino a Cuzco
bajando por la montaña

Pasamos por un pueblo llamado Abancay que está en una zona hermosa, muy fértil, favorecida por las lluvias y con un paisaje indescriptible. No tengo fotos del mismo porque solo me dediqué a ver y disfrutar.

camino a Cuzco
salís de tu casa y tenés este paisaje
camino a Cuzco

Después llegamos a un punto en que no pudimos avanzar más e hicimos un parate para comer algo.

camino a Cuzco
nos bajamos del bondi en medio de la nada
camino a Cuzco
camino a Cuzco
almuerzo
camino a Cuzco
choclo con el grano más grande que existe
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3 comments

  1. Para mí no hay como un buen sanguche de milanga.
    Ahora se me viene a la mente la rotisería Don Genaro en Av. Freyre (no existe más), una verdadera mugre.
    En mis épocas de secundario íbamos ahí y pedíamos un sandwich de lomito completo y con huevo frito. Costaba 4 pesos, claro, época de convertibilidad.

Antes de darle al botón "Publicar" y mandar todo al carajo, te recomiendo que respires hondo y leas las FUQ que te iluminarán el camino :)

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