Engranaje

Después de bastante tiempo sin publicar algún cuento, vuelvo con uno de índole escatológica.
Para que el Sr. D. no se haga ilusiones: no se muere nadie (al mejor estilo spoiler), voy cuesta abajo con ese tipo de género. Veremos que me deparan las vacaciones.

Hacía poco que había ingresado a la empresa. Se caracterizaba por ser una empresa que diseñaba y creaba mierda.
Parece increíble pero sí, la misma se llamaba Bristol S.A. y era experta en fabricar heces del tipo 3 y 4.
Fabricábamos heces para consumo estatal y/o corporativo.

Para los que no conocen existen siete tipos de heces que según la escala Bristol son:
Tipo 1: Trozos duros separados, como nueces, que pasan con dificultad.
Tipo 2: Como una salchicha compuesta de fragmentos.
Tipo 3: Con forma de salchicha con grietas en la superficie.
Tipo 4: Como una salchicha o serpiente, lisa y suave.
Tipo 5: Trozos de masa pastosa con bordes definidos, que son defecados fácilmente.
Tipo 6: Fragmentos blandos y esponjosos con bordes irregulares y consistencia pastosa.
Tipo 7: Acuosa, sin pedazos sólidos, totalmente líquida.

Las heces tipo 3 y 4 son las ideales, especialmente la 4 que es la más fácil de defecar, en éste caso, de vender y consumir.

No son muchos los consultores de heces del tipo 4, la mayoría de las consultorías vendían heces del tipo 3. Es por eso que los consultores que estaban conmigo cubrían un nicho que los otros no podían hacer; tenían trabajo asegurado.

Tanto a los consultores de heces del tipo 3 y 4, el mercado de mierda les había hecho creer que trabajar hasta altas horas, 12 horas quizá (sin cobrar horas extras) era ser un buen profesional. Una vez escuché decir “cuando tu vida personal sea una verdadera mierda, quiere decir que has llegado al punto de ser un buen profesional de heces”.
Como todo trabajo de mierda, era bastante bien pago en relación a otros trabajos más convencionales, como ser abogado, contador, panadero, fotógrafo, farmacéutico, etc.
Les gustaba tanto el dinero que no les importaba tirar su vida personal y su salud por el inodoro.

En fin, yo, un mortal más; a diferencia de un asceta que prefiere esperar y ayunar, decidí que ayunar era demasiado duro y que la espera de lo que vendría era demasiado dolorosa y más difícil que ir directamente en busca del placer inmediato: comer.
Es el terror del que no sabe esperar, del que no sabe ayunar, es la impaciencia.

Yo era bastante inexperto en la fabricación de mierda, lo que en términos de negocios se llama “junior”. En cambio los otros, que tenían cierto “seniority” eran “semi-senior” o “senior”. En este ambiente es muy común hablar de mítin, cónferens, fídbac y “tener un call” pero no saber ni una palabra en inglés.

Mis primeros meses fueron duros, la mierda me salía demasiado acuosa, después demasiado dura, casi al borde del estreñimiento.
En julio tuve una reunión (mítin) para tener un intercambio de ida y vuelta (fídbac) con el matarife y el resultado fue:
“Estamos conformes con vos pero tu rendimiento haciendo mierda es un poco bajo, tal vez x2 o x3 más lento que tus compañeros. Te pido que pongas más empeño a lo que hacés.”
Me seguí empeñando en producir lo mejor de mí mismo, de que el cliente quede conforme y consuma lo que les producía.

Debía madrugar muy temprano porque nuestro trabajo, al igual que los panaderos, comenzaba temprano y algunas veces en invierno debía irme a trabajar en taxi porque era muy oscuro. El tachero me decía “la verdad pibe, lo que vos hacés es lo único que funciona en este país. Producir mierda es el futuro”. Me lamentaba porque cada día parecía hacerse más una realidad y no encontraba forma de salir, o en verdad no quería salir para no ayunar.

En diciembre tuve otra reunión con el matarife y esta vez fue un poco más inquisitivo con mi producción.
“Mirá, los clientes no están contentos con tu rendimiento, tardás mucho en darle lo que ellos quieren y lo peor de todo es que no vislumbro mejoría. Además tus formularios X128 están incompletos. Si además de hacer las cosas mal, tus formularios están incompletos, el cliente tiene toda la razón para estar disconforme. Si hacés las cosas bien y te saltás ciertos protocolos como este formulario, el cliente no va a chillar porque no se va a fijar, pero si además de hacer las cosas mal, el formulario está incompleto, estás en el horno. Es por eso que no puedo darte un aumento de sueldo”.

Es que la creación de las heces además era necesariamente burocrática y requería de un documento que especificara con lujo de detalle cada recoveco, hasta el más recóndito, cada textura debía ser especificada.
La pregunta es, ¿a quién le gusta manipular mierda? y peor aún ¿quién está dispuesto a consumirla? Para mi asombro había mucha gente que estaba dispuesta a eso y a pagar mucho por eso.
Yo no conocía al cliente, apenas tenía contacto a través de unos auriculares y micrófono. Debía atenderlos con una sonrisa y decir siempre que sí. Me los imaginaba gordos, sacando fajos de dinero de sus billeteras y sentados detrás de sus escritorios. Que ellos lo consuman era problema de ellos, pero lo más espantoso es que después se vendían al mercado minoristas, los comunes, los mortales, al público y con todos sus derechos reservados. En verdad no me podía imaginar que yo fuera un engranaje más de ese sistema de producción de mierda.
Eso me angustiaba y cada vez trabajaba con más desgano. Me declaraba culpable e inocente a la vez.

Ayer vino otra vez el matarife, venía limpiándose la camisa que la tenía manchada de sangre, jugos internos y por supuesto, el elemento que nos caracterizaba a nosotros, los que trabajábamos en esa industria.
“Ramírez, la verdad que tu caso es preocupante. Ya no sabemos que hacer con vos para que mejores. Debo tomar una decisión que no es fácil y es pedirte que abandones la empresa. Te doy dos opciones: una es que te vayas por tu cuenta y no afectaría tu CV y te irías con referencias. La otra es que tengamos que despedirte, una situación desafortunada porque no quedaría bien en tu CV. Hablaría muy mal de vos”.

En ese momento pensé: ¿pero que es lo que estoy haciendo?
Prefiero que me despidan así cobro la indemnización. – haciendo honores a mi profesión de consultor de mierda -.

De las peores situaciones hay que saber tomar lo mejor. Me dí cuenta que ayunar no es tan malo y ahora tengo trabajo reutilizando la mierda que producen los otros: hago abono para las plantas, crío lombrices y en mis tiempos libres toco el berimbau.

Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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6 comments

  1. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, igualmente es bueno dejar aclarado que antes Ramírez hacía un trabajo de mierda pero por suerte ahora solamente trabaja con un poco mierda.
    En definitiva Kana, este es un cuento de mierda! 😀

  2. La gran cagada es que Ramírez nunca salió de su condición de trabajador de mierda.
    Y bueno, alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
    Con éste comentario, ya son 14 veces que escribí mierda.

Antes de darle al botón "Publicar" y mandar todo al carajo, te recomiendo que respires hondo y leas las FUQ que te iluminarán el camino :)

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