Akajima IV

Después de estar todo el día en el mar volvimos al hotel.


El puerto de Aka

A la noche fuimos donde estaban viviendo unos científicos que estudiaban el coral en Okinawa. No faltó oportunidad para que nos ofrezcan acompañarlos con awamori.
Resulta que el coral no está muy cuidado en las islas. Está mermando por culpa de los buceadores y ésta gente estaba tratando (no se de qué forma) de protegerlo.
Lo gracioso es que en la mesa junto a ellos había unos buceadores de Tokyo que decían ser voluntarios de trabajo de limpieza del fondo marino 😕
Bueno, una cosa rara y… eran personas muy amables.

A eso de las diez de la noche nos despedimos de ellos saliendo por un pasillito que terminaba en una estrecha calle donde había chicos de todas las edades corriendo con linternas en plena oscuridad, acompañados de sus perros.

La vida social en éstas islas es mas bien inexistente. No hay comercios ni bares ni nada.
Sin embargo preguntando a los lugareños nos dijeron que había un barcito en una playa cercana.
La noche estaba cerrada, no había luna. En el medio de la oscuridad y solo con las luces de nuestros celulares empezamos a subir la montaña y adentrarnos entre la vegetación tupida.

Pensamos que estábamos yendo al lugar equivocado porque no había carteles ni nada que nos indique dónde estábamos hasta que vimos una luz perdida.
¡Era nuestro bar!
Bueno, era un tablón con sillas en el medio de la nada. Para completar la precariedad, el motor que generaba luz al puestito de venta de alcoholes no funcionaba porque se habían quedado sin combustible. Por lo tanto la única iluminación era la linternita que poseía el barman. Un tipo muy simpático que creo que era de Hiroshima o algún lugar que no era de Okinawa. Ya hacía unos años que todos los veranos iba a ésta isla a disfrutar del paisaje y hacer un poco de dinero.

Mientras bebíamos nuestros cócteles mirábamos a la oscuridad… Sabíamos que enfrente nuestro estaba el mar pero no se veía nada. Era la oscuridad total, sólo podíamos escucharlo. Digamos que entre cielo y mar no había diferencia. Uno solo se daba cuenta que que existía el cielo por unos puntitos blancos.

Amigos residentes en Japón: ¡VAYAN A ÉSTA ISLA!
Amigos no residentes en Japón: ¡VAYAN A ÉSTA ISLA!

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3 comments

  1. Aunque estuviéramos en el último confin de Japón teníamos señal.
    No nos avivamos de las linternas porque no pensamos que no íbamos a tener alumbrado público, no teníamos idea que era tan campo 😀

Antes de darle al botón "Publicar" y mandar todo al carajo, te recomiendo que respires hondo y leas las FUQ que te iluminarán el camino :)

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